Tristeza del viajero
Volver al campo luego de ver la ciudad en un tiempo corto, casi sin transición, hace que perciba que todo es aparente. Dormí unas 3 o 4 horas durante los viajes de hoy. No recuerdo haber soñado. En un momento las gafas se me cayeron. Las recogí y seguí durmiendo profundamente. Aún no despierto. La sensación de tener asuntos pendientes me quema las manos y me apaga las ganas de descansar. El cuerpo está fatigado.
En estas pocas horas tras mi regreso, he podido entender unas cuantas cosas sobre la ciudad de la que me fui. En Lima sentí que necesitaba todo, como un huérfano sin piel, andando por las calles, mientras trataba de encontrar y entender el sentido de mis pasos. Acá, de vuelta, hay una mesa en la que dibujo. Una lista de conexiones que dan espacio a mi presencia, como a cualquiera que vive aquí. Como a cualquiera que podría vivir en Lima, también. Lo que sentí en mi interior mientras estaba en esa ciudad: En las líneas trazadas en su superficie, solo encuentro una escisión. Un corte umbilical entre las raíces paternas y maternas que señala un tipo de bastardía. No sé cómo más describirlo. Un divorcio entre las partes que sentía genuinas y de carne. Siento que es necesario una especie de duelo.
En el medio de todo, percibí un tipo velado de violencia: aquella que se disfraza de consejos, una sordera respecto a lo que intentas comunicar cubierta con palabras que intentan ayudarte. Sentí que sí, cada quién es la última vida en el universo. Y también hay poca imaginación y, sobre todo, poca capacidad de tomar un riesgo en la duda o llano interés para entender aquello que sale de las casillas. No lo digo porque quiero describir a la.o.s "única.o.s y diferentes", sino porque no existe ese afecto con el que tender un puente para tratar de entender a la otra persona, desde el amor y comprender una conexión. En el fondo siento que Lima también es así, pese a que sé que existen muchas personas como yo que no piensan ni sienten igual. Las oleadas de recuerdos intergeneracionales los comprendí viendo el mar, repitiéndose a lo lejos con sus variaciones, expansiones, contracciones, patrones....
¿Cómo decir algo más que valga la pena esta noche? No lo sé. Ayer recordé que no sé cómo es que hago cosas tan diversas si no tengo un perfil que encaje en nada... Habrá algo mercurial que se desliza en mis búsquedas, supongo, algo que me permite andar. Con todas las contradicciones, obedecer a eso no estaría mal, no creer que uno es más de lo que se es... es complicado, pero también atreverse a sentirse pleno es una búsqueda que aún intento abrazar, sea la forma que adquiera. Ánimos.
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