Respiros de libertad
Una cosa que confundía antes era la pulsación de mi sangre sobre el ritmo de mi vida con la consciencia de cómo percibir placer físico. A veces olvidaba que había causa y efecto. Como percibir el placer sexual con otra persona que sentí que era algo aprendido o que se aprendía a despertar o a conectar con alguna parte de la mente y de los músculos y el sentido de disfrute... y luego olvidarlo todo. Beber la vida con sed. Había desmesura, una lupa con la que observaba mi interior y, desde allí, lo que estaba fuera de mi sistema.
Había algo de grotesco en mi vitalidad de esos días. Algo que también me aislaba de los demás, que me volvía una piedra caliente. Hubo quienes encontraron provecho en decirme lo que tenía o no qué hacer con mi vida. Pero algo que sí recuerdo que no abandoné fue la claridad de mi cabeza para percibir lo que me parecía antiestético. Me refiero al exceso de poder innecesariamente aplicado sobre lo más endeble. No quiero convencer a nadie de compartir esta percepción, es algo con lo que crecí y que forma parte de mí, así como escribir.
Viendo que las cosas van para donde van, trato de no hacerme arreglos cognitivos, me pongo en una situación ya no de perplejidad, ni de curiosidad idílica.
Comentarios
Publicar un comentario