Los amigos que perdí, III
Este invierno anormal de 22 grados en la capital es inusual.
Invierno, averno.
(Me acordé de un viejo compañero de colegio, creo que ya hablé de él acá.
Pienso en cómo su ritmo al hablar se parece al de otras personas, de manera ligera. Pienso que las voces de las personas son como capas livianas de espíritu que se untan unas sobre otras. A veces percibo así en alguien, el ángel de otra. Por eso es me acuerdo de él cuando paso por estas calles y creo pescar algo de su presencia en voces ajenas. ¿Dónde se habrá ido?
Hay personas que es mejor dejar ir, ignorar sus pasos.)
Pienso en cómo su ritmo al hablar se parece al de otras personas, de manera ligera. Pienso que las voces de las personas son como capas livianas de espíritu que se untan unas sobre otras. A veces percibo así en alguien, el ángel de otra. Por eso es me acuerdo de él cuando paso por estas calles y creo pescar algo de su presencia en voces ajenas. ¿Dónde se habrá ido?
Hay personas que es mejor dejar ir, ignorar sus pasos.)
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